Espejito, Espejito

Espejito, Espejito

Al escuchar la frase: “Espejito, Espejito”, tal vez usted la reconozca de la conversación que sostiene la madrastra de Blanca Nieves con su espejo mágico. Ella le preguntaba al espejo sobre quién es la persona más bella, esperando escuchar que fuera ella… No se preocupe, no le contaré la historia, únicamente haré referencia a esta frase tan conocida. De hecho, le comparto, que un día en que pensé en la Biblia, pensé en esta frase. Usted se preguntará qué relación tiene la Biblia con Blanca Nieves, bueno, mi intención no es asociarla con el contenido de la historia, sino más bien con la frase: “Espejito, espejito”. Le contaré por qué vino a mi mente esta frase, un día en que pensaba en la Biblia.

Santiago, el medio hermano de Jesús, autor de la epístola de Santiago en la Biblia, compara a las Escrituras con un espejo. Santiago dice:

“22 No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica. 23 El que escucha la palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un espejo 24 y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es. 25 Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad, y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla”. (Stgo. 1:22-25, NVI).

Cuando pienso en esta verdad y el llamado que hace este apóstol, sobre actuar de acuerdo a lo que se conoce, me hace reflexionar en mi propio proceso de discipulado. El discipulado es un proceso transformador para ser más como Jesús, y éste debe resultar en una metamorfosis de nuestra forma de pensar y actuar, para parecernos cada vez más al Maestro.

Sin embargo, he encontrado, después de muchos años de vivir la fe cristiana y asociarme a muchas personas que la profesan también, que no siempre el conocer la Biblia se traduce en transformación de vida. No es lo mismo conocer la Biblia que ser transformados por ella.

Los fariseos estudiaban las Escrituras, pero no seguían el corazón de las Escrituras. Esto mismo nos puede pasar a nosotros. Esta brecha, entre lo que conocemos y lo que hacemos, es una brecha de “hipocresía”. La palabra “hipocresía” puede conllevar connotaciones fuertes, pero es simplemente la diferencia entre lo que conocemos que debemos hacer, y lo que en realidad hacemos. Todos experimentamos esta brecha en nuestra vida, en algún nivel.

En ocasiones, hay personas que confunden poseer conocimiento bíblico con madurez espiritual. La marca de la madurez espiritual no se encuentra en cuánto conocimiento bíblico tenemos, sino en cuánta transformación ha ocurrido en nuestra vida, a raíz de ese conocimiento.

Usualmente nuestro nivel de conocimiento excede nuestro nivel de aplicación: conocemos más de lo que aplicamos. A veces el poseer más conocimiento puede hacernos sentir espiritualmente maduros, pero puede ser simplemente que estamos acumulando más conocimiento. Siempre habrá una brecha entre cuánto conocemos de Dios y cuánto aplicamos lo que conocemos, entre cuánto conocemos y lo que hacemos. La señal de madurez espiritual radica en que la brecha sea haga cada vez más corta.

¿Cómo sabemos de qué tamaño es esta brecha en nuestra vida? Solo basta con examinar lo que hacemos diariamente, en especial en nuestra relación con otros.

Algunas preguntas “ácidas” para medir nuestra brecha:

  • ¿Es usted diligente en su trabajo, o espera serlo solo cuando su supervisor está cerca?
  • ¿Es su trato hacia otros (compañeros de trabajo, estudio, etc.) amable, u hostil?
  • ¿Pueden los miembros de su familia testificar que vive de acuerdo a los valores que usted profesa?

Cuanto más nos dejamos transformar por el poder de la Biblia, más se acortará esta brecha en nuestra vida, y cuanto más se acorte, más nos pareceremos a Jesús. La clave para ser transformados por la Biblia es acercarse a ella con humildad (Stgo. 1:21).

Crecer en conocimiento de Dios y sobre la Biblia conlleva una gran responsabilidad. Cuando aprenda algo nuevo de la Biblia, pídale a Dios humildad y sabiduría para aplicarlo a su vida lo más pronto posible. De Santiago aprendemos que si practicamos lo que aprendemos, atraeremos bendición sobre nuestra vida; y sumado a esto, seremos un vivo ejemplo de lo que significa imitar al Maestro.

La Biblia es como un espejo, nos mostrará la realidad de nuestra condición, en relación con la voluntad de Dios.

Cuando se acerque a la Biblia, pídale a Dios, que como un espejo, ella refleje su realidad,  y que con Su poder, esa realidad cada vez sea más cercana a lo que Dios quiere formar en usted.

Viva lo que conoce, viva a Jesús.

2 comentarios

    Yon

    Interesante como podemos comparar figuras literarias con los textos biblicos, pero más interesante el como debemos llevar a nuestro actuar y propósito de vida la lectura de la biblia.

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