Conectados

Conectados

La voluntad de Dios es que maduremos hasta ser como Jesús. En este sentido, necesitamos comprender que nuestro crecimiento espiritual es el resultado de la cooperación del trabajo entre Dios y nosotros.

En una publicación anterior, aprendimos que necesitamos examinar constantemente nuestro corazón, ya que es engañoso (Jeremías 17:9), para poder identificar en qué necesitamos cambiar. La oración que hace el rey David en el Salmo 139:23,24, es una herramienta para pedirle a Dios que nos hable y nos diga qué no está bien en nuestro corazón, para que sea transformado.

Hoy veremos otro hábito que es imprescindible para poder crecer espiritualmente, y es el poder conectarnos diariamente con la Biblia.

Comer una vez a la semana no te mantiene saludable físicamente. Lo mismo pasa espiritualmente. Hay personas que pasan con la “comida del domingo” (la predicación del domingo), y algún “mordisco” de algo durante la semana y por eso no están creciendo espiritualmente. Hay que comer de la Biblia todos los días. Si no tienes el hábito de leer la Biblia, ¡escúchala! La tecnología nos permite esto hoy. Para crecer espiritualmente, todos necesitamos del contacto diario con la Palabra.

Con “contacto diario” me refiero a leer o a escuchar la Biblia, a meditar en lo que leíste o escuchaste, y a memorizar pasajes bíblicos. Ningún otro hábito te mantendrá saludable más que meditar y memorizar las Escrituras.

La meditación bíblica es como hacer digestión mental. Otra palabra para la meditación bíblica es “rumiar”. Rumiar es lo que hace una vaca cuando mastica su alimento. La meditación de las Escrituras es la lectura de un pasaje una y otra vez, y luego pensar en ello y concentrarse en ello de diferentes maneras, hasta que hayas digerido su significado. Una forma en la que puedes meditar en las Escrituras es escribiendo lo que sientes que Dios te está enseñando. Meditar no es “vaciar” la mente (como en la meditación oriental), sino se trata de llenar la mente con la Verdad de Dios.

La Biblia nos dice que encontraremos bendición cuando meditemos en las Escrituras:

Josué 1:8 (NVI): “8 Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito.

Parte del contacto diario que necesitamos con la Biblia implica memorizar pasajes bíblicos. Lo que haces con la memorización de las Escrituras, es guardar la verdad en tu corazón; la cual el Espíritu te recordará cuando la necesites (Jn. 16:13).

Jesús, como nuestro modelo, conocía y citaba las Escrituras de memoria (Mt. 4:4,7, 10. Lc. 23:28-30. Lc. 24:44-46).  Los discípulos de Jesús, también lo hicieron (Hch. 2:17-21; 25-28; 34, 35). El hecho de que Jesús recordara fácilmente, y citara de memoria pasajes del Antiguo Testamento, debió causar una impresión profunda en sus discípulos sobre la necesidad de que ellos también aprendieran de memoria las Escrituras.  La Biblia nos manda a hacerlo a nosotros también (Dt. 6:6; Prov. 3:1).

La meditación y la memorización te ayudan a:

  • Comprender cuánto Dios te ama.
  • Comprender quién eres.
  • Renovar tu mente.
  • Guiarte a la verdad.
  • Te ayudan para no ceder a la tentación.

Sobre la memorización de las Escrituras, la Biblia nos dice:

En mi corazón atesoro tus dichos para no pecar contra ti. Salmo 119:11 (NVI). Este versículo nos dice en otras palabras: “He memorizado Tu Palabra, Señor, para no caer en tentación”.

DESAFÍOS:

  1. Comienza dedicando 5 minutos al día para conectarte diariamente con la Palabra de Dios. Si eres constante, pronto desarrollarás una necesidad de conectarte más tiempo con la Biblia. ¡Hazlo una prioridad en tu vida!
  2. Memoriza versículos clave para ti. Si necesitas una guía o herramienta para hacerlo, escríbenos al correo: info@ciudaddedios.net y con gusto te enviaremos esta guía.

Que Dios te ayude con Su gracia para que desarrolles este hábito y que se convierta en una pasión para ti; y que a través de esto, veas mucho fruto de crecimiento y madurez en tu vida, para la gloria de Dios.

Salmos 119:97 (NVI); “¡Cuánto amo yo tu ley! Todo el día medito en ella”.