Botines de Guerra

Botines de Guerra

Tomó también David los escudos de oro que llevaban los siervos de Hadad-ezer, y los trajo a Jerusalén. Asimismo de Tibhat y de Cun, ciudades de Hadad-ezer, tomó David muchísimo bronce, con el que Salomón hizo el mar de bronce, las columnas, y utensilios de bronce” (1 Crónicas 18:7-8)

De sus múltiples batallas, David no solo obtuvo victorias, sino también botines, tesoros que tomaba de los pueblos que conquistaba y que pasaban a pertenecerle. Algo que llama la atención en el pasaje anterior es que por ejemplo, con los botines de bronce, se fabricaron varios elementos que formaron parte del templo que construyó Salomón.

Cada uno de nosotros tiene batallas en su vida cristiana; no con lanzas y espadas, pero si grandes pruebas y obstáculos que debemos sobrepasar.

Quizá de nuestras batallas no obtengamos botines de oro o bronce; pero si obtenemos experiencias que evaluadas, nos permiten aprender cosas que valen más que el oro, y que nos ayudan a madurar, crecer, y conocer a Dios de forma distinta.

Yo con todas mis fuerzas he preparado para la casa de mi Dios, oro para las cosas de oro, plata para las cosas de plata, bronce para las de bronce, hierro para las de hierro, y madera para las de madera; y piedras de ónice, piedras preciosas, piedras negras, piedras de diversos colores, y toda clase de piedras preciosas, y piedras de mármol en abundancia” (1 Crónicas 29:2). David acumuló esos botines para que un día, su hijo Salomón construyera el templo que el soñaba para Dios.

Las experiencias que acumulamos de nuestras batallas debemos utilizarlas para construir una mejor relación con Dios y los demás.

Considera como tesoros y verdaderos botines lo que has aprendido en esas batallas que has pasado y que Dios te ha ayudado para salir victorioso; guárdalas en tu corazón, y utiliza todo eso para Su Gloria y bendición para otros.